¿ Queréis establecer la paz entre
las naciones hasta hacerles de ella una necesidad de vida o muerte?
Dejad que las naciones dependan unas de otras para su subsistencia, comodidad y grandeza. ¿Por que medio?. Por el de una libertad completa dejada al comercio o cambio de sus productos y ventajas respectivas. La paz internacional de ese modo será, para ellas, el pan, el vestido, el bienestar, el alimento y el aire da cada día.
Esa dependencia mutua y reciproca,
por el noble vínculo de los intereses, que deja intacta la soberanía de cada
uno, no solamente aleja la guerra porque es destructora para todos, sino que
también hace de todas las naciones una especie de nación universal, unificando
y consolidando sus intereses, y facilita por este medio la institución de un
poder internacional, destinado a reemplazar el triste recurso de la defensa
propia en el juicio y decisión de los conflictos internacionales: recurso que
en vez de suplir a la justicia, se acerca y confunde a menudo con el crimen.
¿Creéis que haya inconveniente en
que una nación dependa de otra para la satisfacción de las necesidades de su
vida civilizada?. ¿Por que razón?. Porque en caso de guerra y de
incomunicación, cada país debe poder encontrar en su seno todo lo que necesita.
Es hacer de la hipótesis de una
eventualidad de barbarie, cada día más rara, una especie de ley natural
permanente del hombre civilizado. Es como si el planeta que habitamos se
considerase defectuoso porque recibe de un astro extranjero, el sol, la luz y
el calor que produce la vegetación y la vida animal de que se mantiene el mundo
animado, que anima su superficie.
Por fortuna la libertad de los
cambios esta en las necesidades de la vida humana y se impondrá como ley
natural de las naciones a pesar de todas las preocupaciones y errores.
La industria de una nación que pide
al gobierno protección contra la industria de otra nación que la hostiliza por
su mera superioridad, saca al gobierno de su rol, y da ella misma una prueba de
cobardía vergonzosa.
El gobierno no ha sido instituido
para el bien especial de este o de aquel oficio; sino para el bien del Estado
todo entero. El gobierno no es el patrón y protector de los comerciantes o
delos marinos, o de los fabricantes: es el mero guardián de las leyes, que
protegen a todos por igual en el goce de su derecho de vivir barato, mas
precioso que el producir y vender caro.
Limitar o restringir la entrada de
los bellos productos de fuera, para dar precio a los productos inferiores de
casa, es como poner trabas a la entrada en el país de las bonitas mujeres
extranjeras, para que se casen mejor las mujeres feas; es impedir que entren
los rubios y los blancos, porque los mulatos que forman el fondo de la nación
serán excluidos por las mujeres a causa de su inferioridad.
Teméis los estragos sin sangre de la
concurrencia – competencia - comercial
e industrial y no teméis las batallas sangrientas de la guerra. Un país que ha
vencido al extranjero en los campos de batalla, y que pide a su gobierno que
proteja su inepcia - ineptitud - e incapacidad por el brazo de la fuerza contra
la sombra que el da el brillo del extranjero, prueba su pusilanimidad
inexplicable y vergonzosa.
Si es gloria vencer al extranjero
por la espada, mayor es vencerlo por el talento, porque lo primero es común a
las bestias, lo segundo es peculiar del hombre.