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Sabemos
que sólo vivimos una vez. Pero lo ignoramos...
| Carpe
diem: expresión en latín que significa
aprovecha el dia presente con la que se exhorta a gozar
de la vida.
Literatura
El carpe diem, cuyo nombre procede de la oda a Leuconoe
de Horacio, es un tema permanente en la literatura europea.Íntimamente
asociado al Collige, virgo, rosas (<<Recoge, muchacha,
rosas>>) de Ausonio, su idea central es que la vida es
breve y con ella termina para nosotros el placer; es preciso,
por lo tanto, gozarla en la época de la juventud. El
motivo de la rosa (símbolo de aquella) aparece ya en
la poesía de Anacreonte unido a la preocupación
por la fugacidad de la vida humana, pero fue con Horacio, sobre
todo a partir de su oda Ad Ligurium, cuando el tema alcanzó
su máxima difusión en la Europa del renacimiento
(Lorenzo de Médicis, Tasso, Ronsard).
En España, Garcilaso compuso sobre este tema el soneto
<<En tanto que de rosa y azucena>>; en diversos
poemas de Góngora, Argensola y Calderón, el carpe
diem tomó un significado filosófico y desenagñado,
muy propio de la época barroca. |
Objetivo supremo del ser humano, ¿qué
es la felicidad en un presente tan colmado de desdichas? Todos
la buscamos, la perseguimos, la provocamos, la seducimos, pero,
del mismo modo, todos sabemos que no podremos tenerla continuamente
así como, cuando sólo contamos con un instante
de ella, sabemos la gigante dimensión de esa recompensa.
Hace un tiempo, el aire de Francia estaba cruzado por temas
de debate de los que nosotros, en la Argentina, estábamos
muy alejados.
Allá se discutió hasta el último detalle
una semana laboral de 35 horas. Tengamos en cuenta que aquí,
muchos de los que lo tienen (y que por ese solo hecho se consideran
privilegiados, digamos felices) suelen trabajar el doble de
tiempo de los estándares europeos, en semanas que no
parecen tener fin.
Y también, créase o no, allá se llevaba
a examen la cuestión de la felicidad. Entre nosotros,
con temas de primera plana permanentes e instalados, como la
inseguridad y la desocupación, la pobreza y la violencia,
la recesión y las tan variadas limitaciones, la inestabilidad
política, económica y jurídica, ¿en
qué lugar de una encuesta figuraría en la Argentina
el rubro felicidad? Ni pensarlo.
Hace poco, saliendo de ver la excelente película italiana
El último beso nos sonreíamos al darnos cuenta
de la estirpe de los conflictos existenciales de ese representativo
ramillete de italianos e italianas del siglo XXI. ¡Te
diste cuenta!: ninguno hablaba de problemas laborales, ninguno
hablaba de dinero.
Y nadie podría decir que eran unos tontos, unos despistados,
unos vacíos. Se pasaron la película hablando de
problemas afectivos, de fantasías de realización,
del amor y del paso del tiempo, de la monotonía del matrimonio
y de la amistad, de las diferencias generacionales y del efecto
de la paternidad en padres y abuelos, del compromiso político
y de la sociedad de consumo.
En una palabra: hablaban, apenas, de la vida y, curiosamente
(lamentablemente), en ese espejo ningún argentino de
hoy podía reflejarse. ¡Qué interesante era
verlos vivir! En esa asignatura andamos medio aplazados.
En la Argentina, los presidentes, ministros y funcionarios juran
por Dios, por los Santos Evangelios, por la Constitución
y por otras cosas, pero no llegó todavía el que
jure por obtener la felicidad de su pueblo.
Estamos lejos de muchas cosas, se podría decir que nos
ubican al sur profundo de la felicidad.
Sergio Renán acaba de filmar en España el libro
del español Juan José Millás, La felicidad,
¿era esto? Deberíamos hacer el esfuerzo supremo
de distanciarnos de temas que nos hieren y nos paralizan, y
pensar en otras cosas. Empezar a escribir los capítulos
iniciales de un texto sagrado que podría titularse ¡Ah...!
La vida, ¿era esto? |
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